miércoles, 8 de octubre de 2014

DOMUND 2014 "Renace la alegría"

Renace la alegría” es lema para celebrar el Domingo Mundial de las Misiones - DOMUND- inspirado en el Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de las Misiones.
El Papa Francisco, en su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones 2014, que se celebra en todo el mundo el próximo 19 de octubre, afirma que el DOMUND es “una celebración de gracia y de alegría”: de gracia, por la sabiduría y fortaleza que el Espíritu Santo concede a los que le son dóciles; y de alegría, porque Cristo “enviado para evangelizar el mundo, sostiene y acompaña nuestra obra misionera”.
Sin proponérselo, el Papa traza en pocas palabras el perfil del misionero: hombres y mujeres dóciles a la acción del Espíritu y siempre alegres, porque aún en las dificultades de sus vidas –que no son pocas− beben de la fuente de la verdadera alegría: Jesucristo.
En su mensaje, el Papa Francisco recuerda la alegría de “la primera e inolvidable experiencia misionera”. Después de cumplir con la “misión de anuncio” del Reino de Dios −que el Señor había encomendado a los setenta discípulos−, estos vuelven “llenos de alegría”. Pero Cristo, que conoce los corazones, ve que es una alegría que necesita purificarse; porque los discípulos se alegraban más de conseguir someter a los espíritus que de saber que sus nombres estaban “inscritos en el cielo”.
La alegría que Jesús quiere compartir con sus discípulos es superior a la que ellos han experimentado, es la alegría de saberse amados por Dios. Si los discípulos son capaces de someter a los demonios –o si son capaces hoy de cualquier pequeño o gran logro− es precisamente por la fuerza del amor de Dios. Ésta es la alegría que la Virgen expresa en el Magnificat, como recuerda el Papa, consciente tanto de su pequeñez como de las obras grandes que el Señor ha hecho en Ella.
Jesús siente gozo por el amor del Padre a los hombres, de que los ame con el mismo amor que ama al Hijo. Se alegra también por el éxito de la misión de sus discípulos y se vuelve inmediatamente al Padre para darle gracias, pero inmediatamente les invita a llevar la alegría del Evangelio a los que se encuentren cansados y agobiados. Enviados así a proclamar el Evangelio, los discípulos vuelven a verse colmados de alegría.

“¿Por qué no entramos también nosotros en este torrente de alegría?”, nos dice el Papa. Los misioneros confirman que hay un remedio para la “tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada”, a las que se refiere en Evangelii gaudium. La “salvación que nos ha traído Jesucristo” debe llegar a quienes aún no le conocen, pero debe llegar también a quienes, habiéndole conocido, le han dado la espalda.

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