viernes, 15 de agosto de 2014

¡Te suben, Madre!

¡TE SUBEN, MADRE!
Porque, entre otras cosas, supiste andar sin nunca apartarte
de las sendas de Dios en la tierra.
Porque, de entre todo, tu corazón lo ofreciste como regalo mejor
a Aquel que, en una mañana de Nazaret, te lo pidió.
¡TE SUBEN, MADRE!
De este lugar, donde a Jesús nos diste,
para que Tú ahora lo abraces, lo contemples y por nosotros reces.
De este lugar, donde tu silencio fue palabra,
tu sencillez la mejor lección
tu pobreza, tu mejor riqueza
tu beldad, la vida interna y externa sin tacha
¡TE SUBEN, MADRE!
Porque, flor como Tú, no puede marchitarse debajo de la tierra
porque, Dios, te arranca para que sigas floreciendo en el cielo
porque, Cristo, te espera con los brazos abiertos,
tan apartados como los que Tú le ofreciste en la noche de Belén.
¡TE SUBEN, MADRE!
Para darte gloria y honor, y los ángeles felicitarte
Para ensalzar y cantar tus proezas
Para que, tu cuerpo y tu alma, estén junto al Creador
¡TE SUBEN, MADRE!
Por las veces en que Tú bajaste al valle de nuestras lágrimas
Por los momentos que compartiste de nuestra cruz
Por los instantes en los que dijiste “sí”
Por los momentos de prueba e incertidumbre
Por todo eso, Madre, y por tu fe
¡TE SUBEN, AL CIELO!
No dejes, desde la otra orilla, de acompañar a tu pueblo
De enviarnos destellos de tu Nueva Morada
De iluminar nuestra fe por tu intercesión ante Dios
De hacer más grande nuestra vida con tu presencia alentadora
Haz, oh Madre, desde esa nueva realidad que Tú vives
que también nosotros un día podamos contemplar y vivir
cerca de Aquel que hoy te asciende, te abraza y se goza contigo: DIOS


Javier Leoz

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