martes, 4 de junio de 2013

Una persona sencilla nos abre su casa…

Una persona sencilla es alguien que necesita tener pocas cosas para ser feliz, para vivir con dignidad. No se crea, ni deja que le creen, falsas necesidades. Vive la austeridad como opción de vida.
Una persona sencilla es alguien que siempre está alerta y dispuesta para desatar y desapegar su corazón de cosas materiales y dependencias emocionales.
Una persona sencilla es alguien que pone todo su corazón en los pequeños detalles cotidianos que hacen la vida más agradable a los que le rodean.
Una persona sencilla es alguien que le conmueve el sufrimiento de su prójimo y se implica con él compartiendo lo que es y tiene, según sus posibilidades. No soporta las injusticias. No queda indiferente ni pasiva.
Una persona sencilla es alguien que es transparente, auténtica, coherente con lo que cree, siente, dice y hace. Vive en armonía consigo misma, y transmite paz y armonía.
Una persona sencilla es alguien que no aspira a primeros puestos ni honores, sino que sólo quiere servir humildemente.
Una persona sencilla es alguien que es desprendida; vive y practica la gratuidad.
Una persona sencilla es alguien que tiene un corazón abierto, acogedor y hospitalario.
Una persona sencilla es alguien que disfruta de las cosas sencillas; se fija en los detalles; saborea cada presente; vive sin prisas.
Una persona sencilla es alguien que siempre está dispuesta a aprender, a crecer, a profundizar en el misterio de la vida.
Una persona sencilla es alguien que reconoce sus fallos y errores.
Una persona sencilla es alguien que siempre tiene la sonrisa en el rostro. A mal tiempo siempre pone buena cara.
Una persona sencilla es alguien que es rica en humanidad y en sensibilidad. Está despierta a lo que ocurre a su alrededor. Tiene conciencia crítica y actúa en consecuencia.
Una persona sencilla es alguien que se emociona al contemplar la hermosura de la Naturaleza y de la Vida, el canto de un pájaro, la delicadeza de una flor, una noche estrellada, una puesta de sol, la sonrisa de un niño...
Una persona sencilla es alguien que tiene un comportamiento ético y moral para no hacer daño a nadie directa o indirectamente.
Una persona sencilla es alguien con quien da gusto convivir porque prefiere el bien común al bien propio.
Una persona sencilla es alguien que no busca protagonismos, ni ser centro de atención. Busca dar protagonismo y participación al otro. Hace sentir al otro importante, especial.
Una persona sencilla es alguien que escucha de corazón y habla de corazón.
Una persona sencilla es alguien que aparentemente parece débil y vulnerable, pero tiene una fortaleza interior a prueba de adversidades, dificultades y enfrentamientos. Practica con coraje la no violencia hasta sus últimas consecuencias.
Una persona sencilla es alguien que ama la verdad y dice la verdad, aunque salga perdiendo o vaya en su contra. No se casa con ninguna mentira, y no se queda de brazos cruzados ante una mentira.
Una persona sencilla es alguien que habla más con sus obras que con sus palabras. No presume, simplemente hace.
Una persona sencilla es alguien que sorprende y descoloca a los que tratan de manipularla, someterla o la tratan de ingenua.
Una persona sencilla es alguien que sabe perdonar al otro sin guardar rencor, sabe perdonarse a sí misma, y sabe pedir perdón.
Una persona sencilla es alguien que mantiene vivo al niño/a que lleva dentro, y no pierde la capacidad de ilusión y sorpresa.
Una persona sencilla es alguien que se esfuerza cada día en pasar por la vida haciendo el bien. No quiere marcharse del mundo sin haber hecho algo que lo haya dejado un poco mejor, en lo que de ella dependa.
Una persona sencilla es alguien que vive confiada y entregada en manos de Dios, porque sabe que sin él, no es nada.
Una persona sencilla es alguien que, siendo consciente de su fragilidad y debilidad, de sus limitaciones y carencias, es feliz porque siente que Dios Padre-Madre le ama tal como es.

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