miércoles, 15 de mayo de 2013

Unos minutos con María


Virgen, pobre y humilde:
Poco le importó a Dios que fueras así.
Dios se enamoró de la riqueza de tu persona.
Dios se enamoró del tesoro de tu alma.
Dios se enamoró de la forma con que mirabas a la vida y a El mismo.
Dios, María, se enamoró del jardín de tus entrañas.
Ayúdanos a comprender que la riqueza no está en lo que se tiene
sino, muchas veces, en aquello que no valoramos.
Enséñanos a invertir tiempo y dinero no en lo material y sí en aquello que nos  puede aportar dicha en nuestro caminar.
Ayúdanos a despojarnos de tanto trasto que llena la azotea
de nuestro corazón y de nuestras conciencias.
Ayúdanos a codiciar los bienes del cielo
Ayúdanos, María, a no abandonar los tesoros de nuestra familia, 
de nuestros amigos, de nuestros seres queridos.
Tú, que fuiste pobre y rica,
haznos comprender que la vida hay que llenarla no de cosas
cuanto de momentos de entrega, amor y servicio.
                                   Amén

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