sábado, 21 de julio de 2012

No asfixiarnos


Mc 6,30-34
Si observamos los textos evangélicos en su conjunto, percibiremos que Jesús no aparece agobiado o asfixiado por la prisa. Incluso invita a sus discípulos al descanso y a pasar en grupo un rato en un sitio tranquilo, en medio de la vorágine de personas que quieren encontrarse con Él. Les enseñó con calma cómo ser felices.

Esta actitud nos puede venir bien a nosotros que estamos en una sociedad que parece indicarnos que somos lo que hacemos y que hemos de estar haciendo algo continuamente sin parar. En Jesús vemos, en medio de una opción clara por gastar su vida por el Reino, que dedica tiempo a escuchar a los otros, a profundizar en su relación con el Padre, a tener una mirada contemplativa a la realidad. En definitiva, cuida la interioridad y el ser para poder “des-centrarse” por los otros. ¡Cuánto bien haría a las familias compartir más horas en común, perder tiempo  juntos y sanar la red de relaciones!

Cuando perdemos el tiempo contigo, Señor, entonces ganamos realmente serenidad, esperanza y fortaleza para afrontar los desafíos que se nos presentan.


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