martes, 1 de mayo de 2012

Juan Pablo II, el Papa del Primero de mayo


El 1 de mayo, Día Internacional del Trabajo, queda en la memoria como el día de la beatificación de Juan Pablo II. Son difíciles de olvidar las emociones que suscitó aquella ceremonia en la Plaza de San Pedro, hace ahora un año. Pocas veces ha podido la Iglesia celebrar que está ya en el cielo una persona tan cercana en el tiempo y tan querida por los fieles. Juan Pablo II marcó a varias generaciones de católicos y les hizo comprender que la fe no puede quedar recluida en los templos, sino tiene que ver con todo lo humano. Por eso el 1 de mayo era una fecha más que oportuna para la beatificación de un Papa que no sólo había trabajado en una cantera y en una fábrica, sino que escribió después grandes documentos de doctrina social, comenzando por la encíclica Laborem Excercens, de la que se han cumplido 30 años.
Juan Pablo II advertía entonces sobre los peligros de un capitalismo que reduce el trabajo a simple mercancía. La crisis actual le da la razón. La lógica que convierte al capital en un fin en sí mismo ha generado grandes abusos. Pero además Juan Pablo II presentaba el trabajo como una actividad que dignifica al ser humano, cuando pone a éste en el centro de la economía y le permite desplegar toda su creatividad. Para salir de la crisis es necesario repensar el trabajo y las relaciones laborales, de modo que sean cauce para que las personas den a la sociedad lo mejor de sí mismas.

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