sábado, 11 de febrero de 2012

XX Jornada Mundial del Enfermo


Hoy, día 11 de febrero se celebra la XX Jornada Mundial del Enfermo, coincidiendo con la fiesta de la Virgen de Lourdes, instituida por Juan Pablo II el 13 de mayo de 1992, a la que el Santo Padre ha querido ofrecer los dolores de la humanidad: "Con María, Madre de Cristo, que estaba junto a la cruz, nos detenemos hoy ante todas las cruces del hombre de hoy" (Salvifici doloris, 31). Lourdes, santuario mariano por excelencia, no sólo representa un punto de referencia para el dolor sino que también es el faro que ilumina la esperanza y la fe que acompaña el peregrinar de los que sufren.

En su Mensaje, Benedicto XVI nos ofrece las claves de esta jornada:

1. "Dios, por medio de su Hijo, no nos abandona en nuestras angustias y sufrimientos sino que está junto a nosotros, nos ayuda a llevarlas y desea curar nuestro corazón en lo más profundo".
2. "Quien invoca al Señor en su sufrimiento y enfermedad, está seguro de que su amor no le abandona nunca, y de que el amor de la Iglesia, que continúa en el tiempo su obra de salvación, nunca le faltará".
3. El Papa evoca en su mensaje este hermoso pensamiento de San Agustín: "Dios cura todas tus enfermedades. Tú sólo debes dejar que Él te cure y no rechazar sus manos".

En las curaciones realizadas por el Señor durante su vida pública, aparecen siempre estos tres hermosos compases: "primero, se acerca a los que sufren, mira de cerca su rostro, comparte su sufrimiento; segundo, les coge de la mano, toca a los enfermos, quiere que sientan su ternura curadora; tercero, les levanta, les devuelve la dignidad". Así, nosotros podemos curar muchas heridas de nuestros hermanos. ¡Y cuántas heridas en el mundo actual: enfermedades, soledades, aislamientos, depresiones, sufrimientos por los hijos! ¡Cuántas heridas a nuestro alrededor, que están reclamando unos minutos de atención! La Jornada Mundial del Enfermo es una buena ocasión para acercarnos a los que sufren, para mirar de cerca sus rostros y percibir sus miradas, para ofrecerles lo mejor que tenemos: nuestra compasión, nuestro afecto, nuestra solidaridad.


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